jueves, agosto 04, 2005

Maternidades

Ayer volví al hospital de la Paz a dar la bienvenida a una nueva vida, la de mi primera sobrina (sobrinos ya tengo tres como tres soles) que recibirá como nombre Susana. Y todo volvió a suceder de nuevo dentro de mi cabeza. Desde antes. Cuando iba hacia allí, recorde de pronto, como el fogonazo de un flash de una maquina de fotos, la primera vez que le vi la carita a Mateo, con el cuerpecito metido en una sabana de hospital, y los ojos enormes mirandome sin verme todavía. Me lo traía a que le conociera el matrono que había atendido a Cary en el parto.
Volver allí otra vez y pasar por delante de las habitaciones de preparto, subir a la planta donde estaba mi hermana. Respirar esa atmosfera que distingue esa parte del hospital de las demás, una mezcla entre la tragedía y la alegría máximas. Y sobre todo ello el recuerdo de la felicidad de mi propia experiencia.
Dentro de unos meses volveremos por allí, porque como dice Cary, Mateo nos ha contado que va a tener un hermanito (o hermanita). A ver si tengo suerte y esta vez me dejan entrar a estar en el parto y conocer al nuevo bebe en directo.